
Lleváis horas buscando una lectura para vuestra boda… quizá estáis buscando en el lugar equivocado
La lectura más emocionante de vuestra boda quizá no esté escrita todavía. Antes de buscar un poema, pensad en quién queréis escuchar y qué puede aportar a vuestra historia.
Una lectura de boda puede estar perfectamente escrita y, aun así, no decir absolutamente nada de vosotros. A veces, la lectura que más emociona ni siquiera existe todavía.
Hay un momento durante la preparación de muchas ceremonias en el que aparece una tarea aparentemente sencilla:
«Tenemos que buscar una lectura.»
Y entonces empieza la búsqueda.
Lecturas bonitas para bodas.
Poemas para ceremonia civil.
Textos emotivos para leer en una boda.
Google devuelve cientos. Instagram otros tantos.
Guardamos uno. Después otro. Encontramos uno precioso, pero quizá demasiado intenso. Otro nos gusta, aunque podría servir exactamente igual para cualquier pareja.
Y seguimos buscando.
Hasta que a veces hago una pregunta que cambia completamente el punto de partida:
¿Quién queréis que hable durante vuestra ceremonia?
Porque quizá hemos empezado justo al revés.
1. Antes de buscar qué leer, pensemos en quién queremos escuchar
Una lectura puede estar perfectamente escrita y no provocar absolutamente nada.
Y otra puede tener frases imperfectas, algún nervio, una voz que tiembla un poco… y conseguir que nadie mire hacia otro lado.
La diferencia muchas veces no está en el texto.
Está en quién está detrás de esas palabras.
Quizá vuestra hermana recuerda perfectamente cómo hablasteis de vuestra pareja después de aquella primera cita.
Quizá vuestro mejor amigo estuvo allí cuando todavía ninguno de los dos sabía que aquello acabaría convirtiéndose en una boda.
Quizá vuestro padre jamás escribiría un poema, pero tiene cuatro frases que solamente él podría deciros.
Entonces dejamos de preguntarnos:
«¿Qué texto ponemos?»
Y empezamos a preguntarnos:
«¿Qué puede aportar esta persona a nuestra historia?»
Una lectura no necesita ser perfecta. Necesita tener un motivo para estar ahí.
Y esto conecta directamente con algo que ya hemos trabajado al hablar de cómo integrar a la familia en la ceremonia : participar no significa simplemente repartir micrófonos.
Cada persona debería tener un lugar porque ese lugar tiene sentido.
2. Quizá la lectura más bonita todavía no existe
No tengo absolutamente nada contra los poemas.
Ni contra los textos literarios.
Hay palabras escritas hace décadas —incluso siglos— capaces de expresar algo que nosotros no sabríamos explicar.
Y si encontráis un texto y al leerlo pensáis inmediatamente:
«Somos nosotros.»
adelante.
El problema aparece cuando elegimos una lectura porque hay que tener una lectura.
Entonces encontramos algo bonito y después buscamos a alguien que pueda leerlo.
Yo prefiero plantearlo al revés.
Quizá esa persona pueda escribir unas palabras.
Quizá podamos ayudarla a ordenarlas.
Quizá no necesite contar vuestra historia completa, sino solamente su pequeño fragmento de ella.
Un recuerdo.
Una sensación.
Algo que aprendió viéndoos juntos.
Aquella vez que comprendió que vuestra relación iba en serio.
O una frase tan sencilla como:
«Hay algo que siempre he admirado de vosotros…»
Y a partir de ahí, dejar que hable.
Treinta segundos de verdad pueden pesar más que tres páginas preciosas.
Porque los invitados no están esperando escuchar literatura.
Están esperando reconoceros.
Y cuando alguien que os conoce habla desde un lugar verdadero, sucede algo muy bonito: durante unos minutos, vuestra historia también puede verse desde los ojos de otra persona.
3. No necesita ser un discurso
Aquí aparece el otro extremo.
Cuando decimos a alguien:
«Escribe algo para nuestra boda.»
puede sentir que le acabamos de entregar una responsabilidad enorme.
¿Qué digo? ¿Cuánto tiene que durar? ¿Tengo que ser divertido? ¿Tengo que emocionar? ¿Y si me pongo a llorar? ¿Y si no sé escribir?
Y ahí también forma parte de mi trabajo acompañar.
No para escribir por esa persona algo que no siente.
Sino para ayudarle a encontrar el lugar desde el que puede hablar.
Un recuerdo. Una cualidad. Un deseo.
A veces no hace falta nada más.
Y también debemos aceptar algo importante: hay personas que nos quieren profundamente y no quieren hablar delante de cien invitados.
Eso no convierte su cariño en menos importante.
Ni necesitamos convencerlas.
Podemos encontrar otra manera de hacerlas presentes.
Porque una ceremonia personalizada no consiste en llenar espacios.
Consiste en decidir qué merece ocuparlos.
Es exactamente la misma filosofía que aplicamos cuando hablamos de evitar que una ceremonia deje de contar vuestra historia .
Si una intervención necesita ser forzada, quizá no sea esa la forma de participar.
4. Cuando las palabras cobran vida»
Y esto es lo que realmente busco cuando construyo esa parte de una ceremonia.
Que llegue el lector.
Coja el micrófono.
Respire.
Mire a la pareja.
Y que durante los siguientes minutos nadie piense:
«Ahora viene la lectura.»
Quiero que escuchen a una hermana hablando a su hermano.
A una madre mirando a su hija.
A un amigo recordando quiénes erais antes de convertiros en quienes sois ahora.
A alguien que tuvo el privilegio de contemplar una pequeña parte de vuestra historia y que ese día puede compartirla con los demás.
Puede utilizar un poema.
Puede leer una carta.
Puede contar una anécdota.
Puede combinar sus propias palabras con un fragmento que significa algo para vosotros.
Incluso puede decir muy poco.
Lo importante no es el formato.
Es que sepamos por qué esa persona, esas palabras y ese momento están juntos.
Por eso, si lleváis horas buscando la lectura perfecta para vuestra boda, quizá podáis cerrar Google durante unos minutos.
Coged vuestra lista de invitados.
Pensad en las personas que han caminado cerca de vosotros.
Y preguntaos:
¿A quién nos gustaría escuchar ese día?
Después ya veremos qué tiene que decir.
Porque quizá la lectura que estáis buscando no se encuentra en internet.
Quizá está sentada el día de vuestra boda, unas filas más atrás, pensando que simplemente ha venido a acompañaros.
¿A quién queréis dar voz?
No hace falta entregarle un poema y desearle suerte. Podemos encontrar juntos qué lugar tiene esa persona, qué puede aportar y cómo acompañarla para que su participación se sienta natural.
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Podéis encontrar lecturas, rituales e ideas maravillosas en internet.
Pero vuestra ceremonia no debería construirse uniendo piezas bonitas.
Igual que no os construiríais una casa simplemente porque habéis encontrado unos planos que os gustan, no tenéis por qué saber cómo construir vuestra ceremonia.
Para eso estamos los profesionales.
Contactad con una Maestra de Ceremonias y dejad que os ayude a construirla sin perder vuestra voz por el camino.
Vosotros traéis vuestra historia.
Nosotros sabemos cómo convertirla en ceremonia.
Un abrazo de luz,
Silvia Cortés
Maestra de Ceremonias Bilingüe · Oficia Mi Boda
